¿Qué temperatura debo elegir para mi calefacción?

Elegir la temperatura adecuada para su calefacción representa un delicado equilibrio entre confort, ahorro energético y salud. Con unos costes energéticos cada vez más elevados y una creciente preocupación medioambiental, esta cuestión nunca ha sido tan relevante. En esta completa guía, analizamos las temperaturas recomendadas para cada habitación de su hogar, consejos para optimizar su consumo y errores que debe evitar.


Temperaturas recomendadas por ADEME y los expertos

La Agencia Francesa de Medio Ambiente y Gestión de la Energía (ADEME) ha elaborado unas recomendaciones claras sobre las temperaturas ideales para cada tipo de espacio de una vivienda. Estas recomendaciones se basan en estudios científicos que combinan el confort térmico, la salud y la eficiencia energética.

La temperatura de referencia para las salas de estar es de 19°C. Este valor puede parecer frío para algunos, pero representa el mejor compromiso entre bienestar y consumo de energía. Es importante comprender que nuestra percepción de la temperatura está influida por muchos factores: la humedad del aire, las corrientes de aire, el aislamiento de la vivienda e incluso nuestro nivel de actividad.

Para los dormitorios, la temperatura ideal es de 16-17°C. Este frescor nocturno favorece un sueño de mejor calidad. Los estudios sobre el sueño han demostrado que nuestro cuerpo reduce de forma natural su temperatura corporal durante la noche, y que un dormitorio demasiado cálido interrumpe este proceso natural. Sin embargo, para las habitaciones de bebés y niños pequeños, recomendamos entre 18 y 20°C, ya que sus sistemas termorreguladores aún son inmaduros.

El cuarto de baño es una notable excepción. Durante su uso, especialmente en la ducha o el baño, se recomienda una temperatura de 22°C para evitar choques térmicos. Sin embargo, cuando no se utilice, es aconsejable bajar la calefacción a 17°C.

El impacto de un título en su factura energética

Comprender el impacto financiero de cada titulación adicional es esencial si quiere tomar decisiones con conocimiento de causa. La regla citada a menudo es simple pero reveladora: cada grado adicional aumenta su consumo de energía en un 7%. Este aumento puede parecer modesto, pero se traduce en sumas importantes a lo largo de todo un año.

Pongamos un ejemplo concreto: para un hogar francés medio que gasta 1.500 euros al año en calefacción, pasar de 19°C a 21°C en toda la casa representa un aumento del 14%, es decir, unos 210 euros más al año. En diez años, son más de 2.000 euros, sin contar la inflación del precio de la energía.

Esta realidad económica cobra especial importancia en el contexto actual de subida de los precios de la energía. Los precios del gas natural y la electricidad han subido mucho en los últimos años, lo que hace que el control de la temperatura sea aún más crucial para los presupuestos domésticos.

También es importante tener en cuenta el aspecto medioambiental. Reducir la temperatura de su calefacción en uno o dos grados contribuye directamente a reducir su huella de carbono. En una vivienda de 100 m², mantener una temperatura de 19°C en lugar de 21°C evita la emisión de unos 300 kg de CO2 al año, el equivalente a 1.500 km recorridos en coche.

Adapte la temperatura a las distintas estancias de su hogar

Cada habitación de su casa tiene una función diferente y, por tanto, merece una atención especial en lo que se refiere a la temperatura óptima. Este enfoque diferenciado de la calefacción, también conocido como zonificación térmica, optimiza tanto el confort como el ahorro energético.

El salón y las zonas de estar

El salón es el lugar donde pasa la mayor parte de sus horas de vigilia. La temperatura de 19°C sigue siendo la de referencia, pero puede ajustarse a sus necesidades. Si tiene ancianos o personas con movilidad reducida en su casa, 20°C puede ser más apropiado, ya que su metabolismo genera menos calor corporal.

La distribución de su salón también influye en la percepción de la temperatura. Un sofá junto a una ventana mal aislada le hará sentir más frío, aunque el termostato marque 19°C. El uso de cortinas térmicas, alfombras gruesas y la colocación estratégica de los muebles pueden mejorar significativamente el confort térmico sin aumentar la calefacción.

La cocina: una estancia que se calienta de forma natural

La cocina genera calor de forma natural durante su uso. Los hornos, las placas de cocción e incluso los electrodomésticos como los frigoríficos desprenden calor. Así que es una buena idea ajustar la calefacción de esta habitación a 18°C, o incluso más baja si cocina con regularidad.

Este enfoque supone un ahorro sustancial, especialmente en las cocinas abiertas al salón, donde el calor de la cocción se propaga de forma natural a los espacios adyacentes. Algunos hogares descubren que pueden apagar completamente la calefacción de la cocina durante las principales operaciones de cocinado.

Dormitorios: manténgase fresco para dormir bien

Como ya se ha mencionado, las habitaciones deben mantenerse entre 16 y 17°C. Este frescor puede parecer incómodo al principio, pero los beneficios en términos de calidad del sueño son reales y mensurables. La ciencia del sueño demuestra que una temperatura corporal ligeramente más baja facilita conciliar el sueño y mejora la calidad del sueño profundo.

Para compensar esta temperatura más baja, invierta en una buena ropa de cama: un edredón adaptado a la estación (clasificación tog de 10-13 para el invierno), sábanas de materiales naturales como el algodón o el lino, y posiblemente una bolsa de agua caliente para precalentar la cama. Estos elementos aumentan considerablemente el confort sin necesidad de calefacción adicional.

Para los dormitorios de niños y bebés, la temperatura debe ser ligeramente superior, en torno a los 18-20°C. Los niños pequeños tienen más dificultades para regular su temperatura corporal, y es esencial evitar que pasen demasiado frío por la noche. Utilice un termómetro de ambiente para controlar la temperatura y ajuste el saco de dormir o la manta en consecuencia.

La oficina en casa: comodidad y productividad

Con el crecimiento del teletrabajo, muchos hogares han creado una oficina en casa. Esta habitación necesita una atención especial porque usted pasa largas horas sentado en ella, con una actividad física mínima. La temperatura recomendada es entre 19 y 20°C.

Si su oficina tiene poca calefacción, su productividad y concentración pueden resentirse. Los estudios han demostrado que una temperatura demasiado baja en un espacio de trabajo aumenta los errores y reduce la velocidad con la que se realizan las tareas. Por el contrario, una oficina sobrecalentada provoca somnolencia y fatiga mental.

Entradas y pasillos: zonas de circulación

Las entradas, los pasillos y otras zonas de circulación no necesitan calentarse a la misma temperatura que las salas de estar. Una temperatura de 17°C es más que suficiente, ya que sólo estará en ella unos minutos seguidos. Esta zona de amortiguación también reduce la pérdida de calor hacia el exterior.

Tenga cuidado, sin embargo, con los pasillos que conducen a los dormitorios: si están demasiado fríos, pueden resultar incómodos para caminar por la noche, sobre todo para los niños o las personas mayores.

Errores comunes que debe evitar

En materia de calefacción doméstica persisten una serie de ideas preconcebidas y malas prácticas. Identificar y corregir estos errores puede generar ahorros significativos a la vez que mejora su confort.

Suba el termostato para calentar más rápido

Éste es probablemente el error más común. Mucha gente piensa que poniendo el termostato a 25°C, la casa se calentará más rápidamente que poniéndolo a 19°C. Eso no es cierto. Su sistema de calefacción funcionará a la máxima potencia, sea cual sea la temperatura requerida, hasta alcanzar el punto de consigna. La única diferencia es que corre el riesgo de olvidarse de bajar el termostato y sobrecalentar su casa innecesariamente.

Apague completamente la calefacción cuando se vaya

Contrariamente a la creencia popular, apagar la calefacción por completo cuando sale de casa durante varias horas no es necesariamente la solución más económica. Su sistema necesitará consumir mucha energía para calentar una vivienda completamente refrigerada. Es preferible bajar la temperatura entre 3 y 4 grados, lo que le permitirá mantener una temperatura base y ahorrar dinero.

Para ausencias prolongadas (fines de semana, vacaciones), se recomienda un descenso mayor de la temperatura, hasta unos 12-14°C. Esta temperatura evita que las tuberías se congelen en invierno y reduce enormemente el consumo.

Bloquear los radiadores con muebles

Colocar muebles voluminosos, cortinas pesadas o secar la ropa delante de los radiadores impide que el aire caliente circule correctamente. Esta obstrucción reduce la eficacia de la calefacción y obliga al sistema a funcionar más tiempo para alcanzar la temperatura deseada. Asegúrese de que hay al menos 20 cm de espacio libre delante de cada radiador.

Descuidar el mantenimiento de su sistema de calefacción

Un sistema de calefacción mal mantenido puede consumir hasta un 12% más de energía. La revisión anual obligatoria de las calderas de gas y gasóleo es algo más que una formalidad administrativa. Es una necesidad para garantizar la eficacia y la seguridad de su instalación. La limpieza periódica de los radiadores, el vaciado de los radiadores de agua y la eliminación del polvo de los sistemas eléctricos también mejoran el rendimiento.

Optimice su confort térmico sin aumentar la temperatura

Existen muchas estrategias para mejorar su sensación de calor sin tocar el termostato. Estos métodos complementarios permiten mantener las temperaturas recomendadas garantizando un confort óptimo.

Aislamiento: la inversión más rentable

Antes de intentar calentar más, asegúrese de que su casa retiene el calor de forma eficaz. Una casa mal aislada puede perder hasta un 30% de su calor por el tejado, un 25% por las paredes, un 20% por el intercambio de aire y las goteras, un 15% por las ventanas y un 10% por el suelo. El aislamiento es, por tanto, la palanca más poderosa para reducir sus necesidades de calefacción.

El ático y el tejado deben ser la prioridad, ya que el calor asciende de forma natural. El aislamiento de las paredes, ya sean interiores o exteriores, viene a continuación. Sustituir las ventanas de acristalamiento sencillo por otras de doble o triple acristalamiento puede reducir la pérdida de calor en esta parte de la casa en un 40%.

Existe una amplia gama de ayudas financieras disponibles para estas obras: MaPrimeRénov', certificados de ahorro energético (CEE), eco-préstamos sin intereses y subvenciones de las autoridades locales. Estos planes pueden cubrir hasta el 90% del coste de las obras para los hogares más modestos.

Textiles y accesorios para mejorar el confort

Los textiles desempeñan un papel fundamental en la percepción del calor. Una simple manta de lana o vellón puede hacerle sentir el equivalente a 2-3 grados más cálido. Las alfombras gruesas, especialmente sobre suelos de baldosas o de madera, le aíslan del frío procedente del suelo y crean un ambiente más cálido.

Invierta en ropa de interior adecuada: calcetines calientes, zapatillas forradas, jerseys de lana o forro polar. Puede parecer obvio, pero muchas personas permanecen poco abrigadas en casa y lo compensan subiendo la calefacción, lo que es contraproducente tanto económica como ecológicamente.

Las cortinas térmicas también son una excelente inversión. Cerradas por la noche, crean una capa de aire aislante que reduce la pérdida de calor a través de las ventanas entre un 25 y un 30%. Abiertas durante el día, dejan entrar la ganancia solar gratuita, que calienta su casa de forma natural.

La humedad del aire: un factor que a menudo se pasa por alto

La humedad relativa del aire influye considerablemente en la percepción de la temperatura. El aire demasiado seco, habitual en invierno con la calefacción, le hace sentir frío aunque la temperatura sea correcta. Por el contrario, el aire ligeramente húmedo (entre el 40% y el 60%) se siente más caliente.

Un humidificador puede mejorar significativamente su confort, especialmente con calefacción eléctrica, que hace que el aire sea especialmente seco. También existen métodos sencillos: secar la ropa en el interior, colocar recipientes con agua cerca de los radiadores o cultivar plantas de interior que liberen humedad a través de la transpiración.

Tecnologías para una gestión inteligente de la temperatura

Los termostatos conectados y los sistemas inteligentes de gestión de la calefacción han revolucionado nuestra capacidad para optimizar la temperatura de nuestros hogares. Estas tecnologías ofrecen un control preciso y automatizado que puede generar ahorros sustanciales.

Termostatos programables y conectados

Un termostato programable ajusta automáticamente la temperatura para adaptarla a su estilo de vida. Puede programar franjas horarias: temperatura reducida por la noche y cuando esté fuera trabajando, temperatura elevada antes de despertarse y al volver del trabajo. Esta automatización le garantiza que nunca sobrecalentará su casa innecesariamente.

Los termostatos conectados van más allá al aprender sus hábitos y adaptarse automáticamente. Algunos modelos utilizan la geolocalización de su smartphone para detectar cuándo sale o se acerca a su casa y ajustar la calefacción en consecuencia. Otros analizan las previsiones meteorológicas para anticiparse a las variaciones de la temperatura exterior.

El ahorro que generan estos sistemas es real: entre un 15% y un 25% de reducción del consumo según la ADEME. La inversión inicial, generalmente entre 100 y 250 euros por un termostato de calidad, se amortiza en 2-3 años para la mayoría de los hogares.

Válvulas termostáticas para una zonificación precisa

Las válvulas termostáticas instaladas en cada radiador permiten ajustar individualmente la temperatura de cada habitación. Esta solución es especialmente adecuada para viviendas con diferentes requisitos térmicos. Esto significa que puede mantener automáticamente 19°C en el salón, 17°C en los dormitorios y 22°C en el baño mientras se utiliza.

Los modelos conectados van incluso más allá, permitiendo el control desde su smartphone y la programación semanal para cada habitación. Algunos incluso incorporan sensores de presencia que apagan la calefacción en las habitaciones desocupadas.

Sistemas de control avanzados

En las instalaciones de calefacción central, los modernos sistemas de control optimizan el funcionamiento de la caldera en función de una amplia gama de parámetros: temperatura exterior, temperatura interior, inercia térmica del edificio, horas de ocupación. Estos controles pueden reducir el consumo entre un 10 y un 15% más en comparación con un sistema básico.

Salud y temperatura de la vivienda: encontrar el equilibrio adecuado

La temperatura de su hogar tiene un impacto directo en su salud y bienestar. Es esencial encontrar el equilibrio adecuado entre el ahorro de energía y el mantenimiento de un medio ambiente saludable.

Los riesgos de sobrecalentar su casa

Un hogar sobrecalentado tiene una serie de inconvenientes para la salud. El aire se vuelve demasiado seco, lo que irrita las vías respiratorias y las mucosas, favorece las hemorragias nasales y agrava los síntomas del asma. La piel también se vuelve más seca y puede picar.

Una temperatura excesiva, especialmente en los dormitorios, interrumpe el sueño y puede provocar dolores de cabeza, fatiga crónica y disminución de la concentración. Los estudios demuestran que un dormitorio mantenido a más de 20°C aumenta significativamente el tiempo que se tarda en conciliar el sueño y reduce la duración del sueño profundo.

Un ambiente demasiado cálido también favorece la proliferación de ácaros del polvo y moho en determinadas condiciones, lo que puede agravar las alergias y el asma.

Los riesgos de un hogar demasiado frío

A la inversa, una vivienda con calefacción inadecuada también puede causar problemas. Por debajo de los 16°C, aumentan los riesgos para la salud, sobre todo para las personas vulnerables: niños pequeños, ancianos y personas que padecen enfermedades crónicas.

El frío favorece las enfermedades respiratorias, debilita el sistema inmunitario y puede desencadenar ataques de asma. También aumenta la presión arterial y el riesgo cardiovascular en personas vulnerables.

Las viviendas demasiado frías y húmedas favorecen la aparición de moho, especialmente problemático para la salud respiratoria. El exceso de humedad combinado con el frío crea un ambiente propicio para los hongos y los ácaros del polvo.

Personas con necesidades especiales

Algunas personas necesitan una atención especial en lo que se refiere a la temperatura:

Los ancianos son más sensibles al frío porque su metabolismo genera menos calor corporal. Una temperatura de 20-21°C en las zonas habitadas puede ser necesaria para su comodidad y salud.

Los bebés y los niños pequeños tienen un sistema de termorregulación inmaduro. Su habitación debe mantenerse entre 18 y 20°C, y es vital controlar la temperatura regularmente con un termómetro de ambiente.

Las personas con enfermedades crónicas (artritis, asma, enfermedades cardiovasculares) pueden necesitar temperaturas ligeramente más altas para evitar que sus síntomas empeoren.

Adaptar la temperatura según la estación

La gestión de la temperatura en su hogar no se limita al invierno. Cada estación tiene sus propias especificidades y hay que adaptarlas.

Invierno: el periodo crítico

Este es obviamente el periodo en el que la calefacción es más crucial. Mantenga las temperaturas recomendadas (19°C en los salones, 16-17°C en los dormitorios) y aproveche al máximo la ganancia solar gratuita: abra las cortinas y persianas durante el día en las fachadas expuestas al sol, y ciérrelas al anochecer para limitar la pérdida de calor.

Ventile su casa durante 5-10 minutos al día, con las ventanas abiertas de par en par, incluso en invierno. Esta rápida ventilación renueva el aire sin enfriar las paredes y evita la acumulación de humedad y contaminantes en el interior. Recuerde apagar la calefacción cuando ventile.

Media temporada: el arte de la sincronización

En primavera y otoño, las temperaturas exteriores pueden variar mucho entre el día y la noche. Utilice la programación de su termostato para ajustar la calefacción: bájela o incluso apáguela durante el día cuando las temperaturas sean suaves, y vuelva a subirla por la noche si es necesario.

También es el momento ideal para hacer revisar su sistema de calefacción antes del invierno, y para llevar a cabo pequeños trabajos de aislamiento que mejoren su confort térmico.

Verano: limitar el calor entrante

Aunque esta guía se centra en la calefacción, la gestión de la temperatura en verano es complementaria. Cierre las persianas y cortinas durante el día para bloquear el calor del sol, y ventile abundantemente por la noche y a primera hora de la mañana, cuando el aire exterior es más fresco. Un buen aislamiento térmico funciona en ambos sentidos: le mantiene caliente en invierno y fresco en verano.

Si su región experimenta veranos muy calurosos, invertir en protección solar exterior (contraventanas, persianas, pérgolas) es más eficaz que el aire acondicionado y mucho más económico a largo plazo.

Conclusión

Elegir la temperatura adecuada para su sistema de calefacción es una decisión que influye simultáneamente en su confort, su salud, su presupuesto y su impacto medioambiental. Las recomendaciones de la ADEME - 19°C en las salas de estar, 16-17°C en los dormitorios, 22°C en los cuartos de baño cuando están en uso - representan un equilibrio óptimo validado por estudios científicos.

Cada grado cuenta: reducir la temperatura un solo grado reduce su consumo en un 7% y puede ahorrarle varios cientos de euros al año. Este ahorro se hace aún más significativo si se combina con un buen aislamiento, un equipo de control eficaz y unos hábitos diarios adecuados.

La tecnología moderna, con termostatos conectados y válvulas termostáticas, facilita mucho la gestión de su calefacción. Estas inversiones relativamente modestas se amortizan rápidamente, al tiempo que mejoran su confort.

No olvide que la temperatura indicada en un termostato es sólo una cifra: su confort real depende también del aislamiento, la humedad del aire, los tejidos que utilice y su ropa. Antes de subir la calefacción, explore estas palancas adicionales que mejoran la sensación de calor sin consumir más.

Por último, adapte estas recomendaciones a su situación personal. Las necesidades varían en función de la edad, la salud, el nivel de actividad y las preferencias individuales. Lo importante es encontrar su propio equilibrio entre comodidad, ahorro y respeto al medio ambiente.

Nuestro equipo de redactores ha sido seleccionado para ofrecerle artículos de calidad que le ayuden a realizar sus proyectos. La información se comprueba sistemáticamente y citamos nuestras referencias para que pueda estar seguro de nuestra calidad editorial.

Preguntas más frecuentes

La tienda domeashop le ofrece una lista de preguntas y respuestas correspondientes a las preguntas más frecuentes relacionadas con el tema y los productos tratados en este artículo. Si no encuentra la respuesta a su pregunta, póngase en contacto con nosotros y nuestros especialistas estarán encantados de responderle.

La temperatura ideal para dormir oscila entre los 16 y los 18°C. Este frescor facilita conciliar el sueño y mejora la calidad del sueño profundo, porque nuestro cuerpo baja naturalmente su temperatura durante la noche. Un dormitorio demasiado cálido (por encima de 20°C) interrumpe el sueño y puede provocar que se despierte por la noche. Compense esta temperatura con un edredón adecuado y buena ropa de cama en lugar de subir la calefacción.

No, generalmente es mejor bajar la temperatura 3-4 grados que apagar la calefacción por completo. Calentar una casa completamente refrigerada consume mucha energía. Programe su termostato para que baje automáticamente la temperatura mientras esté fuera y vuelva a subirla antes de su regreso. En caso de ausencias prolongadas (fines de semana, vacaciones), puede bajar la temperatura a 12-14°C para evitar que se congelen las tuberías y seguir ahorrando.

Según los estudios de la ADEME, 19°C es el mejor compromiso entre confort térmico, salud y eficiencia energética. Esta temperatura puede parecer fresca al principio, pero llega a ser confortable con ropa adecuada y un buen aislamiento. Es más, cada grado adicional aumenta su consumo de energía en un 7%, lo que suma varios cientos de euros al año. Una vivienda correctamente aislada a 19°C proporciona el mismo nivel de confort que una mal aislada a 21°C.

Más allá del termostato, confíe en sus sensaciones físicas. Deberá sentirse cómodo con ropa normal de interior (jersey ligero, pantalones largos) sin necesidad de cubrirse con una prenda escocesa. Si pasa frío con regularidad, compruebe primero el aislamiento de su casa, las corrientes de aire y la humedad antes de subir la calefacción. Un higrómetro puede ayudar: la humedad relativa debe estar entre el 40% y el 60%. El aire demasiado seco se siente frío, incluso a la temperatura adecuada.

Sí, los termostatos conectados pueden hacerle ahorrar entre un 15% y un 25% en su factura de calefacción, según ADEME. Optimizan la calefacción aprendiendo sus hábitos, detectando su presencia, anticipándose a las variaciones meteorológicas y evitando el derroche cuando no hay nadie en casa. La inversión inicial (100-250 euros) suele amortizarse en 2-3 años. El ahorro es especialmente significativo si antes tendía a dejar la calefacción encendida todo el día.

Las personas mayores suelen necesitar una temperatura ligeramente superior (20-21°C) porque su metabolismo genera menos calor corporal. Para bebés y niños pequeños, mantenga el dormitorio entre 18 y 20°C - no más, ya que el sobrecalentamiento aumenta el riesgo de muerte súbita. Utilice un termómetro de ambiente para controlar la temperatura y ajuste el saco de dormir o la manta en consecuencia. Compruebe que el bebé no tiene ni demasiado calor ni demasiado frío tocándole la nuca (que debe estar caliente, no fría ni húmeda).

Hay una serie de estrategias complementarias para reducir su consumo manteniendo su confort: mejore el aislamiento (áticos, paredes, ventanas), instale cortinas térmicas que cierre por la noche, utilice alfombras gruesas en los suelos fríos, purgue los radiadores con regularidad, haga revisar su sistema de calefacción anualmente, vístase más abrigado en interiores, utilice un termostato programable, cierre las puertas de las habitaciones que se utilicen poco y aproveche la ganancia solar abriendo cortinas y persianas durante el día.

Es más económico variar la temperatura según sus necesidades y presencia. Contrariamente a la creencia popular, mantener una temperatura constante no es lo óptimo. Bajar la calefacción por la noche (16-17°C) y cuando está fuera (15-16°C) genera ahorros significativos. Los sistemas de calefacción modernos alcanzan rápidamente la temperatura deseada, y la energía ahorrada durante los periodos de potencia reducida supera con creces la necesaria para la calefacción. Un termostato programable automatiza esta gestión y optimiza el ahorro.

Para una ausencia de unos días a varias semanas, ajuste la calefacción entre 12 y 14°C. Esta temperatura "sin escarcha" protege sus tuberías de la congelación en invierno, al tiempo que reduce considerablemente el consumo de energía. Nunca apague completamente la calefacción en invierno cuando esté fuera, aunque sea por poco tiempo, ya que el riesgo de que se congelen las tuberías puede causar daños importantes. Si va a estar fuera más de unas semanas en un clima muy frío, pida a alguien que compruebe regularmente que la calefacción funciona correctamente.

Sí, la humedad del aire influye considerablemente en la sensación de calor. El aire demasiado seco (por debajo del 40% de humedad relativa) se siente frío, incluso a 19°C, e irrita las vías respiratorias. Por el contrario, una humedad ideal (entre el 40% y el 60%) proporciona un confort térmico óptimo. La calefacción, sobre todo la eléctrica, reseca el aire en invierno. Utilice un humidificador, seque la ropa en el interior o ponga plantas de interior para mantener un nivel de humedad confortable. Puede utilizar un higrómetro económico para controlar este parámetro.