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¿Qué es un inversor y cómo se utiliza?

En un mundo en el que nuestra dependencia de los equipos electrónicos es cada vez mayor, la protección contra los cortes y las fluctuaciones eléctricas se está convirtiendo en algo esencial. El SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) es una solución esencial para garantizar el funcionamiento continuo de sus equipos sensibles. Tanto si es un particular que quiere proteger su instalación informática doméstica como si es un profesional que quiere asegurar su infraestructura crítica, entender cómo funciona un SAI y cómo utilizarlo es esencial para tomar la decisión correcta.
Contenido
- ¿Qué es un inversor eléctrico?
- Definición y principio de funcionamiento
- Las diferencias entre inversores y generadores
- Los diferentes tipos de inversores
- El inversor fuera de línea o en espera
- El inversor interactivo
- El inversor en línea o de doble conversión
- Criterios para elegir un inversor
- Calcule la potencia necesaria
- Duración y capacidad de la batería
- Funciones adicionales
- ¿Cómo instalar y utilizar un inversor?
- Instalación física del inversor
- Puesta en servicio y configuración
- Buenas prácticas en uso
- Aplicaciones prácticas del inversor
- Protección de los equipos informáticos
- Seguridad de los sistemas domóticos
- Aplicaciones profesionales e industriales
- Ventajas y limitaciones del inversor
- Las ventajas de un inversor
- Limitaciones y desventajas
- Conclusión
¿Qué es un inversor eléctrico?
Definición y principio de funcionamiento
Un inversor es un dispositivo electrónico que mantiene el suministro de energía a sus equipos en caso de corte del suministro eléctrico. Su principio se basa en la conversión de la energía almacenada en las pilas en corriente alterna utilizable por sus electrodomésticos. A diferencia de un simple generador de reserva, el inversor interviene instantáneamente, sin interrupción perceptible del servicio.
El funcionamiento de un inversor gira en torno a varios componentes clave. El rectificador convierte la corriente alterna de la red en corriente continua para cargar las baterías. El inversor, elemento central del sistema, transforma entonces la corriente continua de las baterías en corriente alterna cuando falla la alimentación principal. Un sistema de control inteligente supervisa constantemente la calidad del suministro eléctrico y activa el cambio a baterías en cuanto detecta una anomalía.
Las diferencias entre inversores y generadores
Aunque tanto el inversor como el grupo electrógeno proporcionan energía de emergencia, sus modos de funcionamiento difieren considerablemente. El grupo electrógeno produce electricidad mediante un motor de combustión interna y requiere un tiempo de arranque de varios segundos o incluso minutos. Esta interrupción, por breve que sea, puede ser fatal para los equipos informáticos sensibles.
El SAI, por su parte, garantiza una transición totalmente transparente, con un tiempo de conmutación inferior a 10 milisegundos para los modelos más eficientes. Esta continuidad absoluta preserva la integridad de los datos y evita paradas repentinas del sistema. Además, el SAI ofrece una protección permanente contra perturbaciones eléctricas como la sobretensión, la subtensión o las interferencias, incluso cuando la red funciona con normalidad.
Los diferentes tipos de inversores
El inversor fuera de línea o en espera
El inversor fuera de línea, también conocido como inversor de reserva, es la solución más económica del mercado. En este tipo de aparato, la corriente de red alimenta directamente al equipo conectado en circunstancias normales. El inversor sólo interviene en caso de corte de corriente o de variación importante de la tensión, con un tiempo de conmutación comprendido generalmente entre 2 y 10 milisegundos.
Esta configuración es ideal para aplicaciones domésticas de baja criticidad, como la protección de un ordenador personal, una caja de Internet o un NAS familiar. Los sistemas SAI fuera de línea suelen tener un tiempo de funcionamiento de sólo unos minutos, suficiente para salvar su trabajo en curso y apagar su equipo correctamente. Su principal ventaja es su excelente relación calidad-precio, con modelos básicos disponibles desde 50 a 80 euros para potencias de 300 a 600 VA.
El inversor interactivo
El inversor interactivo es un compromiso inteligente entre rendimiento y coste. Este tipo de dispositivo incorpora un regulador automático de tensión (AVR) que corrige las variaciones de tensión sin agotar las pilas. Cuando la tensión de red fluctúa dentro de un rango aceptable, generalmente entre -25% y +15%, el inversor ajusta automáticamente la tensión de salida mediante un transformador multitoma.
Esta tecnología es especialmente adecuada para entornos en los que se producen frecuentes microinterrupciones y variaciones de tensión. Los SAI de línea interactiva se utilizan principalmente en pequeñas empresas, estaciones de trabajo profesionales e instalaciones informáticas de tamaño medio. Su tiempo de conmutación de la batería, generalmente inferior a 4 milisegundos, garantiza una protección eficaz de los datos. El precio de los modelos interactivos oscila entre 150 y 500 euros, dependiendo de la potencia y las prestaciones.
El inversor en línea o de doble conversión
El SAI en línea representa lo último en protección eléctrica. Su principio de doble conversión garantiza un aislamiento total entre la red de entrada y el equipo protegido. La corriente alterna de la red se convierte primero en corriente continua para cargar las baterías y alimentar un inversor, que produce entonces una corriente alterna perfectamente sinusoidal y estable.
Esta arquitectura garantiza una alimentación de calidad impecable, totalmente inmune a todas las perturbaciones de la red eléctrica: sobretensión, subtensión, interferencias, armónicos o variaciones de frecuencia. El tiempo de cambio de batería es estrictamente nulo, ya que el equipo funciona constantemente con el inversor. Los sistemas SAI en línea son esenciales en entornos críticos como salas de servidores, centros de datos, instalaciones médicas, equipos industriales sensibles y sistemas de telecomunicaciones.
El principal inconveniente de esta tecnología es su elevado coste, ya que los precios suelen comenzar en torno a los 500 euros para los modelos básicos y ascender a varios miles de euros para las instalaciones profesionales. La eficiencia energética también es ligeramente inferior a la de otras tecnologías, ya que la doble conversión hace que se pierda energía en forma de calor.
Criterios para elegir un inversor
Calcule la potencia necesaria
Determinar la potencia necesaria es el paso fundamental para elegir un inversor. Esta potencia se expresa en voltio-amperios (VA) o vatios (W), con un factor de potencia (normalmente de 0,6 a 0,8) que une estas dos unidades. Para dimensionar correctamente su SAI, debe sumar el consumo eléctrico de todos los equipos que desea proteger.
Pongamos un ejemplo concreto: si quiere proteger un ordenador de sobremesa (350 W), dos pantallas (80 W cada una), un router (15 W) y un NAS (65 W), la potencia total necesaria es de 570 W. Debe añadirse un margen de seguridad de entre el 20 y el 30% para tener en cuenta los picos de consumo en la puesta en marcha y el desarrollo futuro de su instalación. En este ejemplo, un inversor de 750 a 850 W (es decir, unos 1000 a 1200 VA) sería adecuado.
Los fabricantes suelen indicar la potencia en VA en sus inversores, pero es crucial comprobar también la potencia en vatios, ya que es lo que realmente limitará su capacidad de carga. Un inversor de 1000 VA con un factor de potencia de 0,6 sólo podrá suministrar un máximo de 600 W.
Duración y capacidad de la batería
La autonomía de un SAI determina el tiempo que su equipo podrá funcionar con baterías en caso de corte del suministro eléctrico. Esta autonomía varía considerablemente en función de la carga conectada: cuanto más utilice el inversor, menor será la autonomía. Los fabricantes suelen anunciar una gama de carga completa y media.
Para un uso doméstico convencional, un tiempo de funcionamiento de 5 a 15 minutos suele ser suficiente para salvar su trabajo y apagar su equipo limpiamente. Los entornos profesionales pueden requerir una mayor autonomía, de 30 minutos a varias horas, que se obtiene utilizando baterías de mayor capacidad o añadiendo módulos de baterías externas.
La tecnología de las baterías también desempeña un papel crucial. Las baterías de plomo-ácido (VRLA) se utilizan en la mayoría de los inversores del mercado y ofrecen una buena relación calidad-precio con una vida útil de 3 a 5 años. Las baterías de iones de litio, que son más caras, tienen la ventaja de una vida útil más larga (de 8 a 10 años), un menor espacio ocupado y tiempos de recarga más cortos.
Funciones adicionales
Los inversores modernos incorporan una serie de características que aumentan su utilidad y facilidad de uso. La pantalla LCD muestra la información esencial en tiempo real: carga, autonomía restante, tensión de entrada y salida o estado de la batería. Esta interfaz permite la supervisión instantánea de su instalación sin necesidad de equipos adicionales.
La conectividad en red a través de Ethernet o Wi-Fi convierte su SAI en un equipo inteligente que puede supervisarse a distancia. El software de gestión suministrado le permite programar acciones automáticas como el apagado secuenciado de sus equipos, la notificación por correo electrónico en caso de incidencia o la generación de informes detallados sobre consumos y eventos eléctricos.
Las tomas de protección contra rayos y los puertos de protección RJ45 o coaxiales también protegen sus equipos de telecomunicaciones contra sobretensiones inducidas por rayos. Algunos modelos ofrecen tomas "sacrificables" sin fuente de alimentación de reserva, útiles para periféricos menos críticos como impresoras o altavoces.
¿Cómo instalar y utilizar un inversor?
Instalación física del inversor
La ubicación de su inversor merece una atención especial. Elija un lugar seco, bien ventilado y alejado de la luz solar directa. La temperatura ambiente ideal es entre 15 y 25°C, ya que las pilas son sensibles a las variaciones extremas de temperatura. Un ambiente demasiado caliente reduce significativamente su vida útil, mientras que el frío excesivo reduce su capacidad.
Asegúrese de dejar suficiente espacio alrededor del inversor para permitir la circulación del aire y facilitar la disipación del calor. Los modelos de potencia media y alta generan un calor considerable y, por lo general, requieren de 10 a 15 cm de espacio libre en los laterales y la parte trasera. Evite instalar el SAI en un armario cerrado o debajo de un escritorio sin la ventilación adecuada.
La conexión eléctrica debe cumplir ciertas normas básicas. Conecte siempre el SAI directamente a un enchufe de pared con toma de tierra, nunca a una regleta o alargador, que podrían crear una resistencia parásita y limitar la corriente disponible. Compruebe que su instalación eléctrica está conectada a tierra de acuerdo con las normas vigentes. Esto es esencial para garantizar la seguridad y el correcto funcionamiento del aparato.
Puesta en servicio y configuración
Antes de utilizar su SAI por primera vez, es esencial cargar completamente las baterías. Esta carga inicial puede durar entre 8 y 12 horas, según el modelo. Algunos fabricantes recomiendan incluso dejar cargando el SAI durante 24 horas antes de conectar el equipo, para optimizar la capacidad y longevidad de las baterías.
A continuación, conecte sus equipos, empezando por los más críticos. Priorice sus dispositivos según su importancia: servidores, equipos de red, estaciones de trabajo principales y, a continuación, periféricos secundarios. No sobrecargue nunca el SAI por encima del 80% de su capacidad nominal para mantener un margen de seguridad y optimizar su eficiencia energética.
La instalación del software de gestión suministrado por el fabricante le permitirá aprovechar al máximo las capacidades de su SAI. Estas aplicaciones, generalmente compatibles con Windows, macOS y Linux, garantizan la comunicación entre el SAI y sus ordenadores a través de USB, serie o red. Configure los ajustes de apagado automático para que sus sistemas se apaguen limpiamente cuando la vida restante de la batería alcance un umbral crítico, normalmente entre el 5 y el 10% de carga.
Buenas prácticas en uso
El mantenimiento regular de su SAI garantiza su fiabilidad y prolonga su vida útil. Compruebe mensualmente el funcionamiento de la batería desconectando el SAI de la red eléctrica durante unos minutos. Esta prueba le permite comprobar la autonomía real y detectar cualquier degradación de las pilas antes de que sea crítica.
Vigile las alarmas sonoras y los indicadores visuales de su SAI. Un pitido ocasional durante un corte de corriente es normal, pero las alarmas repetidas o continuas suelen indicar un problema que requiere su atención: sobrecarga, fallo de la batería o temperatura excesiva. Consulte el manual del usuario para interpretar correctamente los distintos códigos de alarma.
La sustitución de las pilas es una parte esencial del mantenimiento. Incluso con un uso óptimo, las baterías de plomo-ácido pierden gradualmente su capacidad y deben sustituirse cada 3 ó 5 años. Los signos de que una batería se acerca al final de su vida útil incluyen una menor autonomía, una carga más frecuente o alarmas de batería baja. No espere a que se produzca un fallo total para anticipar esta sustitución.
Aplicaciones prácticas del inversor
Protección de los equipos informáticos
La informática doméstica y profesional son las aplicaciones más comunes de los SAI. Sus ordenadores, servidores NAS y equipos de red contienen datos valiosos cuya pérdida podría tener graves consecuencias. Un corte de corriente repentino puede corromper los archivos del sistema, dañar las bases de datos o provocar la pérdida de documentos no guardados.
El SAI no sólo protege sus datos, sino también la integridad física de sus equipos. Los repetidos cortes de corriente y las variaciones de tensión someten a los componentes electrónicos a una tensión excesiva, lo que reduce su vida útil. Los discos duros mecánicos son especialmente vulnerables a las paradas bruscas, que pueden provocar caídas del cabezal de lectura y sectores defectuosos.
Para una estación de trabajo típica con un ordenador, dos pantallas y unos pocos periféricos, un SAI de 600 a 800 VA es más que suficiente. Las instalaciones más complejas, como servidores, bahías de disco o equipos de red profesionales, requieren potencias superiores, de 1500 a 3000 VA en función de la configuración.
Seguridad de los sistemas domóticos
La domótica moderna se basa en una infraestructura electrónica permanente: cajas domóticas, pasarelas Zigbee o Z-Wave, cámaras de vigilancia, alarmas conectadas y termostatos inteligentes. Estos equipos proporcionan funciones críticas como la seguridad en el hogar, el control de la temperatura y la vigilancia a distancia. Un corte de corriente paraliza instantáneamente toda su instalación.
El SAI mantiene operativos sus sistemas domóticos durante los cortes de corriente, garantizando la continuidad de sus sistemas de seguridad y vigilancia. Su sistema de alarma permanece activo, sus cámaras siguen grabando y su conexión a Internet sigue funcionando si su caja y su router también están protegidos. Esta protección es especialmente importante en zonas propensas a cortes frecuentes.
Un inversor de 300 a 600 VA suele ser suficiente para proteger todos los equipos de una instalación domótica estándar, ya que cada aparato consume poca energía. La autonomía puede alcanzar varias horas con una carga tan baja, lo que le permitirá mantener sus sistemas esenciales durante cortes de suministro prolongados.
Aplicaciones profesionales e industriales
En el sector terciario, los sistemas SAI protegen estaciones de trabajo, servidores, equipos de red y sistemas de telefonía IP. La pérdida de datos o las interrupciones del servicio pueden tener consecuencias financieras considerables, por no mencionar el impacto en la productividad y la satisfacción del cliente. Los centros de llamadas, las sucursales bancarias y las consultas médicas dependen de un suministro eléctrico estable e ininterrumpido.
La industria utiliza los inversores para proteger los controladores lógicos programables, los variadores de velocidad, los sistemas de supervisión y los equipos de medición sensibles. Un microcorte puede bastar para interrumpir un proceso de fabricación, provocando rechazos, costosas paradas de producción o averías en los equipos. Los sistemas SAI industriales, a menudo de gran potencia (de 5 a 500 kVA), garantizan la continuidad de los procesos críticos.
El sector médico es probablemente el ámbito en el que la fiabilidad del suministro eléctrico reviste mayor importancia. Los equipos de diagnóstico, los sistemas de monitorización de pacientes y los sistemas de soporte vital no pueden tolerar ninguna interrupción. Los sistemas SAI médicos cumplen normas estrictas y ofrecen niveles de redundancia que garantizan la máxima disponibilidad.
Ventajas y limitaciones del inversor
Las ventajas de un inversor
La protección contra la pérdida de datos es el beneficio más inmediato y obvio de un SAI. Tanto si está trabajando en un documento importante, en una compleja hoja de cálculo o en un proyecto creativo, un corte de electricidad en el momento equivocado puede echar por tierra horas de trabajo. El SAI le da el tiempo que necesita para hacer copias de seguridad de sus archivos y apagar sus sistemas correctamente.
La conservación de los equipos representa un beneficio económico importante. Las variaciones de tensión y los cortes de corriente repetidos aceleran el envejecimiento de los componentes electrónicos y pueden provocar averías prematuras. Invertir en un SAI de calidad suele ser menos costoso que sustituir con frecuencia los equipos dañados por problemas eléctricos.
La continuidad del servicio que ofrece un SAI mejora su productividad y facilidad de uso. Se acabaron los reinicios intempestivos, la pérdida de documentos y las descargas interrumpidas. Para los profesionales, esta disponibilidad constante puede significar la diferencia entre cumplir un plazo crucial y perder un cliente. La tranquilidad que proporciona un inversor no tiene precio, especialmente en regiones donde los cortes de electricidad son frecuentes.
Limitaciones y desventajas
El coste inicial de adquirir un SAI puede parecer una inversión importante, sobre todo en el caso de los modelos profesionales de alta calidad. Puede esperar pagar entre 50 euros por un SAI básico que proteja un solo ordenador y varios miles de euros por instalaciones profesionales. A este coste hay que añadir el de la sustitución periódica de las pilas, generalmente cada 3 a 5 años.
El espacio y el peso son otras limitaciones a tener en cuenta. Un inversor de potencia media puede pesar entre 8 y 15 kg y ocupar un volumen comparable al de una CPU de ordenador. Los modelos de alta potencia para aplicaciones profesionales son más bien pequeños armarios y a veces requieren una instalación específica con ventilación forzada.
El ruido de funcionamiento también es digno de mención. Los ventiladores de refrigeración de los potentes sistemas SAI pueden generar un molesto nivel de ruido en un entorno de oficina silencioso. Algunos modelos activan sus ventiladores continuamente, mientras que otros sólo lo hacen en caso de carga elevada o temperatura excesiva. Los inversores off-line y line-interactive suelen ser silenciosos en funcionamiento normal, y el ruido sólo se produce al cambiar a las baterías.
Conclusión
El SAI es ahora un equipo esencial para cualquiera que desee proteger eficazmente sus aparatos electrónicos sensibles contra los caprichos del suministro eléctrico. Además de su simple función de emergencia en caso de corte del suministro eléctrico, proporciona una protección permanente contra todas las perturbaciones de la red eléctrica: sobretensión, subtensión, interferencias o variaciones de frecuencia.
La elección del SAI adecuado se basa en un análisis preciso de sus necesidades: requisitos de potencia, autonomía deseada, tipo de equipos a proteger y presupuesto disponible. Los inversores fuera de línea son ideales para aplicaciones domésticas sencillas, mientras que los modelos interactivos en línea ofrecen un compromiso excelente para las pequeñas empresas. Los inversores de doble conversión en línea se reservan para entornos críticos que requieren una calidad de potencia impecable.
Instalar y utilizar un inversor no es especialmente difícil, siempre que se sigan algunas reglas básicas: ubicación ventilada, carga inicial de las baterías, dimensionamiento correcto de la potencia y mantenimiento regular. La inversión en un SAI de calidad se amortiza rápidamente en ahorro en la sustitución de equipos dañados y en tranquilidad.
Tanto si es un particular que busca proteger sus equipos domésticos como si es un profesional que necesita garantizar la continuidad de sus actividades críticas, el SAI representa un valioso seguro contra las consecuencias, a veces desastrosas, de un fallo en el suministro eléctrico. En un mundo cada vez más digital en el que nuestros datos y equipos tienen un valor considerable, descuidar esta protección sería asumir un riesgo innecesario.
Preguntas más frecuentes
La tienda domeashop le ofrece una lista de preguntas y respuestas correspondientes a las preguntas más frecuentes relacionadas con el tema y los productos tratados en este artículo. Si no encuentra la respuesta a su pregunta, póngase en contacto con nosotros y nuestros especialistas estarán encantados de responderle.
Los voltio-amperios (VA) representan la potencia aparente del inversor, mientras que los vatios (W) corresponden a la potencia real utilizable por sus equipos. La relación entre estas dos unidades depende del factor de potencia, generalmente entre 0,6 y 0,8 para los inversores. Por ejemplo, un inversor de 1000 VA con un factor de potencia de 0,7 puede suministrar un máximo de 700 W. Es crucial comprobar la potencia en vatios a la hora de dimensionar su SAI, porque es este valor el que realmente limitará su capacidad de carga. Los equipos informáticos modernos suelen tener un factor de potencia elevado, mientras que algunos motores o transformadores tienen factores más bajos.
La vida útil típica de una batería de plomo-ácido del SAI es de entre 3 y 5 años en condiciones normales de uso. Varios factores influyen en la longevidad: la temperatura ambiente (idealmente entre 20 y 25°C), el número de ciclos de carga-descarga, la calidad de fabricación y el nivel medio de carga. Una temperatura demasiado elevada acelera considerablemente el envejecimiento de las pilas: cada aumento de 10°C por encima de 25°C puede reducir a la mitad su vida útil. Las baterías de iones de litio, que son más caras, tienen una vida útil más larga, de 8 a 10 años, y resisten mejor los ciclos repetidos. Es una buena idea comprobar las baterías con regularidad y sustituirlas antes de que fallen por completo.
La conexión de una impresora láser a un SAI requiere algunas precauciones. Las impresoras láser consumen enormes cantidades de energía en el arranque y durante el proceso de fusión del tóner, con picos de hasta 1000 a 1500 vatios. Este consumo supera a menudo la capacidad de un SAI doméstico estándar y puede desencadenar una sobrecarga. Si es absolutamente necesario proteger la impresora, elija un SAI con una potencia nominal muy superior al consumo máximo de la impresora y utilícelo exclusivamente para este equipo. Una alternativa más económica es conectar la impresora a las tomas de "sólo sobretensión" que ofrecen algunos sistemas SAI, o simplemente permitir que se apague en caso de corte del suministro eléctrico, de modo que la impresión pueda reiniciarse sin pérdida de datos.
Los pitidos emitidos por un inversor constituyen un sistema de alarma que indica diferentes estados de funcionamiento. Un pitido ocasional durante un corte de corriente es perfectamente normal y señala el cambio a pilas. Un pitido frecuente o continuo indica generalmente un problema que requiere su atención. Un pitido cada 4 a 10 segundos suele indicar que el SAI está funcionando con baterías tras un fallo de red. Los pitidos rápidos y repetidos suelen indicar una sobrecarga: el consumo de los equipos conectados supera la capacidad del SAI. Un pitido continuo puede indicar una batería defectuosa, sobrecalentamiento o un mal funcionamiento interno. Consulte el manual de usuario de su modelo para interpretar con precisión los distintos códigos sonoros e identificar la causa del problema. La mayoría de los SAI le permiten desactivar temporalmente las alarmas acústicas mediante un botón específico, pero esto no resuelve el problema de fondo.
Dejar su inversor en marcha mientras está fuera tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Si mantiene activos ciertos equipos (caja de Internet, sistema de domótica, NAS, cámaras de vigilancia), el SAI debe obviamente permanecer alimentado para protegerlos. Por otro lado, si todo su equipo está apagado, desenchufar el SAI ahorra consumo de energía en modo de espera (generalmente de 5 a 15 vatios) y alarga ligeramente la vida de las baterías al evitar una carga lenta continua. Sin embargo, dejar el SAI conectado garantiza que sus baterías permanezcan cargadas en caso de que se produzca un corte del suministro eléctrico mientras usted está fuera, lo que puede ser importante si tiene equipos sensibles a los reinicios. Un compromiso razonable es desenchufar el SAI en ausencias de menos de una semana y dejarlo enchufado durante periodos más largos, simplemente desactivando los equipos no esenciales.
La cantidad de autonomía que necesita depende esencialmente de cómo utilice su equipo y de la frecuencia de los cortes de electricidad en su región. Para un uso doméstico estándar, un tiempo de funcionamiento de 5 a 15 minutos suele ser suficiente para guardar el trabajo en curso y apagar correctamente los ordenadores. Esta duración también permite que su caja de Internet y su equipo de red funcionen durante los frecuentes microcortes que sólo duran unos segundos o minutos. Los entornos profesionales pueden requerir autonomías más largas, de 30 minutos a varias horas, para mantener la actividad mientras se espera a que se ponga en marcha un generador de emergencia o a que finalice una intervención técnica planificada. Para calcular la autonomía que necesita, identifique la duración típica de los cortes en su zona, añada un margen de seguridad cómodo y compruebe que el tiempo obtenido le permite llevar a cabo las acciones necesarias: copia de seguridad de los datos, parada limpia del sistema o mantenimiento de las funciones críticas.
Se recomienda encarecidamente sustituir todas las baterías de un SAI al mismo tiempo, aunque sólo una de ellas parezca estar defectuosa. Las pilas envejecen de forma similar cuando se utilizan en las mismas condiciones, y mezclar pilas nuevas con viejas crea desequilibrios perjudiciales. La pila usada se descarga más rápidamente y obliga a la nueva a compensar, acelerando su degradación. En una configuración en serie, el eslabón más débil determina el rendimiento global del conjunto. Es más, los fabricantes suelen diseñar sus baterías para que funcionen en grupos homogéneos, y las garantías suelen excluir las instalaciones mixtas. Sustituir sólo una batería puede parecer económico a corto plazo, pero podría provocar un fallo prematuro de las nuevas baterías y un rendimiento decepcionante. Aproveche la sustitución para invertir en un juego completo de pilas de calidad, garantizando un rendimiento óptimo y la máxima vida útil para su instalación.
Los inversores ofrecen una protección parcial contra los efectos de los rayos, pero no pueden garantizar una inmunidad total a este fenómeno extremadamente violento. La mayoría de los inversores incorporan protectores contra sobretensiones que absorben las sobretensiones moderadas inducidas por los rayos en la red eléctrica, generalmente de hasta varios miles de voltios. Esta protección filtra eficazmente las sobretensiones e interferencias ordinarias, pero puede verse superada por un rayo directo o uno muy cercano a su instalación, cuya energía puede alcanzar varios millones de voltios. Para una protección óptima, combine su SAI con un pararrayos instalado en el cuadro principal, que constituye la primera línea de defensa. Los sistemas SAI de calidad también ofrecen puertos de protección para líneas telefónicas, Ethernet o coaxiales, que son vulnerables a las sobretensiones inducidas. No olvide que la mejor protección contra los rayos sigue siendo desconectar físicamente sus equipos sensibles durante las tormentas violentas, incluso con un SAI y un protector contra sobretensiones instalados.
El uso de un alargador o regleta con un inversor está formalmente desaconsejado por todos los fabricantes y puede incluso invalidar su garantía. El inversor debe conectarse directamente a una toma de corriente mural con toma de tierra por varias razones esenciales. Los alargadores y las regletas crean una resistencia eléctrica adicional que limita la corriente disponible y puede impedir que el inversor se cargue correctamente o suministre su potencia nominal. La conexión directa también garantiza una toma de tierra eficaz, esencial para la seguridad y el buen funcionamiento del inversor. En caso de sobrecarga o cortocircuito, una conexión indirecta aumenta el riesgo de sobrecalentamiento e incendio. Si su toma de corriente está demasiado lejos de la ubicación deseada para el inversor, encargue a un electricista cualificado la instalación de una toma adicional en lugar de utilizar un alargador. Por otro lado, puede enchufar una regleta o un alargador en las tomas de salida del SAI para conectar varios aparatos, siempre que respete la potencia máxima del aparato.
Comprobar regularmente que su SAI funciona correctamente es una parte esencial de la protección de su equipo. Realice una prueba mensual desconectando el SAI de la red eléctrica durante unos minutos para simular un corte de suministro. Su equipo debería seguir funcionando normalmente sin interrupción, y el SAI debería emitir su señal característica de funcionamiento de la batería. Vigile la duración de las pilas conseguida durante esta prueba: una reducción gradual significa que las pilas se están deteriorando y será necesario sustituirlas a corto plazo. La mayoría de los inversores modernos ofrecen una función de autodiagnóstico accesible a través del software de gestión o de un botón específico del aparato. Este autotest comprueba el estado de las baterías, los circuitos de carga y descarga y los sistemas de protección. Compruebe regularmente en la pantalla LCD o en el software de monitorización las alarmas y los parámetros de funcionamiento: tensión de entrada y salida, carga actual, estado de carga de la batería y temperatura interna. Nunca ignore una alarma persistente, aunque su equipo parezca funcionar con normalidad.
